domingo, 17 de noviembre de 2013

Querido machado..

      Este hombre del casino provinciano
      Que vio a Carancha recibir un día,
      Tiene mustia la tez, el pelo cano,
      Ojos velados por melancolía;
      Bajo el bigote gris, labios de hastío,
      Y una triste expresión, que no es tristeza,
      Sino algo más y menos: el vacío
      Del mundo en la oquedad de su cabeza.
      Aún luce de corinto terciopelo
      Chaqueta y pantalón abotinado,
      Y un cordobés color de caramelo,
      Pulido y torneado.
      Tres veces heredó; tres ha perdido
      Al monte su caudal; dos ha enviudado.
      Sólo se anima ante el azar prohibido,
      Sobre el verde tapete reclinado,
      O al evocar la tarde de un torero,
      La suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
      La hazaña de un gallardo bandolero,
      O la proeza de un matón, sangrienta.
      Bosteza de política banales
      Dicterios al gobierno reaccionario,
      Y augura que vendrán los liberales,
      Cual torna la cigüeña al campanario.
      Un poco labrador, del cielo aguarda
      Y al cielo teme; alguna vez suspira.
      Pensando en su olivar, y al cielo mira
      Con ojo inquieto, si la lluvia tarda.
      Lo demás, taciturno, hipocondríaco,
      Prisionero en la Arcadia del presente,
      Le aburre; sólo el humo del tabaco
      Simula algunas sombras en su frente.
      Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
      Sino de nunca; de la cepa hispana
      No es fruto maduro ni podrido,
      Es una fruta vana
      De aquella España que pasó y no ha sido,
      Esa que hoy tiene la cabeza cana.

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