A veces pienso si hubiera sido mejor no haber dicho te
quiero. Después sostengo que te quiero por tu forma de vida, tan indiferente.
Yo andaba por las calles sin esperar nada nuevo, asumiendo una rutina cada vez
más monótona. Ahora que has llegado tú, no me acostumbro a perder la
estabilidad. Llevo varios días queriendo vivir desnuda, teniendo la sensación
de que es tu cuerpo el único tacto que soporta mi piel. Eres la adicción más
rápida que he conocido y me he colado, sin querer de ti. Me acongoja esta
situación de no saber si es mejor que te quiera a ratos, queriéndote a diario. ¡Pero
es que no hay colchón que me guste más que tu pecho! Es muy complicado ver a
dos personas sentir lo mismo, lo peor es la costumbre de saber que siempre me
toca a mí ser la misma persona que quiere, siente y vive más fuerte. Que he
aprendido a querer, y nadie me ha enseñado a hacerlo. Es algo que todos los que
se enamoran deberían tatuarse en algún rincón de su cuerpo. No existe vacuna
que te libre de esto. Hay días para todo y es que, a la tristeza le gusta mucho
el sabor amargo. También el llanto, y enfrentarnos cara a la pared con aquellas
cosas que no queremos perder. Pero esto es solo una manera de ver las cosas,
mientras yo me muero de ganas de darte un beso, de saber que todo está igual de
bien que cuando despertamos en el mismo lugar y que sigues viéndome bonita. Por
eso para huir de ti la única respuesta que tengo es volver a encontrarte de
nuevo y cometer los mismos errores que algún día nos harán más viejos y aunque
más sabios seguiremos sufriendo por los mismos dolores. Así he comprobado que
hay placeres insanos y corpóreos que provocan las emociones, y después de un
latido el corazón también puede romperse y después nosotros, tensando la cuerda
floja no queremos soltar los hilos.