domingo, 21 de junio de 2015

Veintiuno

Necesito desatar este nudo una noche más. Yo que no quería más costumbres, ni nombres y tampoco besos por doquier.  Al menos  quería intentarlo y no esperar finales de las cosas que no tienen principio. Pero nada sale bien, y es más triste pensar que primero es necesario un fracaso y sustentar mi aliento en aquello. No sé quién tiene la culpa. Es pronto para contar mis secretos al mundo, fiarme de ti, esperar algo nuevo después de siempre lo mismo. Si parece que es la primera vez de todas las cosas que están por llegar y terminan en el mismo lugar junto al baúl de los recuerdos. Desde que he abierto mi corazón nadie ha querido entrar a verlo. Me pregunto si llevo escrito en algún sitio la palabra aléjate después de un primer beso, o tal vez segundo. Pero estaba dispuesta a que fuesen un sinfín más, incluso a quitarme la ropa. He visto manos más grandes y lo bien que encajaban las nuestras. Si tú no cerrabas los ojos y yo no callaba la boca. Te decía que no, pero me gustaba que te quedases mirándome todo el tiempo posible. De algún modo me has hecho sentir especial, pero todo se ha desmoronado.  Pero llega el ocho de Junio y con él todas las cosas importantes e imposibles.
Volvemos atrás. 

martes, 16 de junio de 2015

Once

He sido capaz de cambiar de nombre, aun así no lo tengo tan claro. Creo que una vez te acostumbras a que no te pasen cosas tan buenas cuando llegan, tienes más miedo a perderlas que ganas de disfrutarlas.  Ahora más cuenta nos damos de lo que somos y fuimos, diferenciamos. Quise hacer especial a tanta gente que olvidé distinguir de unos a otros.  Volví a recoger los pedazos de papel, excavé, releí y puse fin de nuevo a mis agonías. Por fin he decidido soltar el anclaje de mis ruinas, me dejo llevar. He vuelto a dejar desnudar mi corazón, y lo mejor, es que me siento bien. Me siento bien abrazada a ello, a la comodidad de pensar en todo lo que no he vivido, y quiero probar como sería volver a sentir. Por fin hallé la forma de abandonar los tristes domingos, abandoné los cinco minutos libres cada día, te abandoné. 

jueves, 11 de junio de 2015

Aprender

Seguí escribiéndole cien mil noches más después de prometer no volver a hacerlo cada vez que cerraba una página más. Siempre dispuesta a empezar una página en blanco y todas las noches queriendo borrar el mismo nombre. Pasado un tiempo terminé con esto, dejé de escribir para nadie, hasta que aprendiese a pensar en otras cosas se acabaron las letras. Pero algo muy fuerte se encerraba en mi pecho cada vez que me resistía a querer recordar lo mucho que añoraba decir te quiero. Siempre usé las mismas palabras para decirle adiós, incluso la misma excusa para auto convencerme del tiempo que estaba dejando escapar entre mis dedos. Disparé mil veces después de todas las letras que escribía pero no hubo forma alguna de sentir alivio. Si alguien tenía la culpa de esta grieta en corazón abierto había sido mi capricho de sentirlo tanto. Aprendí a decir que no, y busqué soluciones en vez de hallar problemas. Así me alejé de la espera y sustituí cualquier sentimiento comparado al amor. Aquella fue la clave, dejar de sentirme anclada para poder navegar tranquila. 

martes, 9 de junio de 2015

Bien se está cuando se quiere estar bien

Hay olores que provocan emociones. Es una forma de evocar al pasado, un anclaje mental.
También hay sorpresas, que se convierten en algo que no quieres contar, tal vez así sea más especial. 
Después de varios errores por la misma causa terminas actuando conforme al efecto revote táctico-estratégico. Si todo cae sobre su mismo peso será  justo si tiene que pasar, pero hay momentos que no cambio ni cambiaría. También hay personas, o letras de canciones tristes que a veces te hacen reír. Se esconden los monstruos del armario por un segundo el cual piensas no temerlos. Y te ilusionas.

domingo, 7 de junio de 2015

Llega la hora

Siempre pienso en imposibles, me aferro al deseo de luna llena. Después me eriza la piel el viento que apenas existe. Se parece a faltarme sin tenerlo, pero sentirlo. No supuso tanto esfuerzo arrancar las fotos, si algún día se cerró aquella puerta aún terminamos de ahogarnos a oscuras. Pero puede que no, que no se cumplan los deseos de estas noches. Fue mi compañero de viaje, mi autodestrucción. Fue también la estrella que miraba cada noche hasta convertirse un día en algo fugaz. Marchó, desapareció, y ahora solo tengo las cenizas que me encuentro. A veces, le espero. Mientras me río y bebo de un trago todos los besos que tengo guardados.