sábado, 26 de marzo de 2016

Cuando todo está en contra

Éramos rudos al hablar, no nos estábamos mirando. Yo había visto alumbrar las estrellas y tú no estabas de acuerdo. Me oprimía el pecho una sensación contraria a las cosquillas de los martes por la tarde. De repente me pasó lo de siempre, tantas ganas de matarte como de abrazarte. Pero ya no estabas aquí. Hice lo que pude, llorar, tragar, y aceptar la pura realidad de los hechos, todo era más importante que yo.  Pero yo seguiría queriéndote hasta el fin del mundo. 

jueves, 18 de febrero de 2016

precipicio

Lo importante es que decidí quererte y no volver a mirar atrás. Es curioso, he visto como se defiende la idea del más y del menos. Como llega un día cualquiera y quiero saber cómo estamos, si todo va bien. Como hay cosas que pasan, o como se me ha escapado planear que estarías aquí. No he abierto los ojos cuando ya has roto con todas las barreras que interpuso mi camino y te siento a veces cerca. También hay veces que me odio, por no tener auto-control sobre mí y quererte tanto. Hay días que se me hacen más cuesta arriba que otros, pero siempre sonrío aunque llueva y no tenga energía para salir corriendo a cobijarme, ni él me quiera más por todos mis defectos. Soy la única culpable de que la ilusión coja tanto aire que me ahogue. Mientras todo está girando, me apisona el sonido de la lluvia. Está pegando fuerte y tengo miedo de saltar el charco y no pisar el suelo. Se me eriza la piel si vuelvo a pensar en esta espiral negativa que no me deja respirar. Si nunca inviertes tiempo en aquello que te pueda romper, no te romperás nunca. Dime que no hemos agotado nuestro tiempo, que vienes de camino porque no aguantas un segundo más sin verme. Miro esa luz, que me dice que no vas a escribirme, pero que si piensas en mí. Que todo lo que buscamos con mucha fuerza siempre tiene poco éxito y solo cuando doy por vencidas mis ganas me estas esperando. Me dan igual los precipicios que anden delante mía, también haber desgastado todas mis fuerzas.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

A diario me pregunto

A veces pienso si hubiera sido mejor no haber dicho te quiero. Después sostengo que te quiero por tu forma de vida, tan indiferente. Yo andaba por las calles sin esperar nada nuevo, asumiendo una rutina cada vez más monótona. Ahora que has llegado tú, no me acostumbro a perder la estabilidad. Llevo varios días queriendo vivir desnuda, teniendo la sensación de que es tu cuerpo el único tacto que soporta mi piel. Eres la adicción más rápida que he conocido y me he colado, sin querer de ti. Me acongoja esta situación de no saber si es mejor que te quiera a ratos, queriéndote a diario. ¡Pero es que no hay colchón que me guste más que tu pecho! Es muy complicado ver a dos personas sentir lo mismo, lo peor es la costumbre de saber que siempre me toca a mí ser la misma persona que quiere, siente y vive más fuerte. Que he aprendido a querer, y nadie me ha enseñado a hacerlo. Es algo que todos los que se enamoran deberían tatuarse en algún rincón de su cuerpo. No existe vacuna que te libre de esto. Hay días para todo y es que, a la tristeza le gusta mucho el sabor amargo. También el llanto, y enfrentarnos cara a la pared con aquellas cosas que no queremos perder. Pero esto es solo una manera de ver las cosas, mientras yo me muero de ganas de darte un beso, de saber que todo está igual de bien que cuando despertamos en el mismo lugar y que sigues viéndome bonita. Por eso para huir de ti la única respuesta que tengo es volver a encontrarte de nuevo y cometer los mismos errores que algún día nos harán más viejos y aunque más sabios seguiremos sufriendo por los mismos dolores. Así he comprobado que hay placeres insanos y corpóreos que provocan las emociones, y después de un latido el corazón también puede romperse y después nosotros, tensando la cuerda floja no queremos soltar los hilos.

viernes, 30 de octubre de 2015

Te quiero


¿Qué pasaría si pudieses tocar el cielo con las manos? Si realmente no fuesen las noches de luna llena las que nos traen la buena suerte. Si seré la única persona que confía toda su suerte a una moneda que nunca le da la razón. De quién sería la culpa si con las dudas una vez resueltas siguiésemos haciendo como si nada. Si fuese a nosotros mismos a quienes mirásemos a la cara. Qué pasaría si después de todas las noches que pasamos juntos todavía no me echases de menos. Te diría que hay momentos que mataría por un beso tuyo, por unas cadenas que me atasen al peligro de no poder estar sin ti. Quería decirte, que correr el riesgo de lo que supone quererte es mejor que pensar no volver a abrazar tu espalda. Que he vuelto a temblar sin tener frío y sin sentir miedo,  y he preferido alejar el equilibrio de esta cuerda tensa que llamamos vida. Me he cansado de pensar si decirte que escojas un punto del mapa y carguemos a cuestas con las dos cámaras y besos para mañana. Porque si mañana todo cambia, si decides que sean tres en vez de una mujer las que se acuesten en tu cama, si no habremos podido inventar amor suficiente para cubrir este eco, sino sabré ser  refugio  suficiente. No habremos sabido aprender del amor. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Pero te quiero.

Ha pasado ya el día que tanto miedo me aferraba, y seguimos juntos. Puedo decir juntos porque conseguí que quisieses estar conmigo. No sé por cuanto tiempo, tampoco se si cada vez que te acuestas piensas si realmente esto es lo que quieres. Se lo que quiero yo, quiero tus brazos siempre encima de los míos al dormir. Y te quiero a ti, aunque no te lo diga. Es una de las secuelas del amor, olvidar en que momento se ha de decir te quiero. Sin camuflaje.

lunes, 5 de octubre de 2015

Donde encuentras tu vicio

Unas cosas te hacen reír, sin embargo otras llorar. Y veces, también hay veces que es mejor no preguntar si tienes miedo a salpicarte con la verdad. De todos modos una vez metida la pata lo mejor es seguir como hasta ahora, con un paso al frente y ganas de sentir el momento. Y, quién sabe si mañana todo habrá cambiado. Pero hoy es mejor que hagamos que todo vaya bien, así que hazme reír que yo me encargo del resto. Y ahora ya no hay nada bajo control, ni si quiera que es lo que quiero. La noche que pude decirle te quiero, me encontraba a horcajadas encima suya sin hacer traspiés. Me negué a decirle nada, pero tardé cinco minutos más en dormir. Después noté como sus brazos acogían mi cuerpo casi completo, y resulté sentirme acongojada. Él estaba durmiendo y yo, tratando de no llorar. Es uno de los momentos en los que aparece por lógica la ansiedad, en ese instante yo tenía muchos motivos por los que sentirme así, pero ninguno tan fuerte como para querer mover tu brazo de encima de mi pecho. Aun así no podía sentir nada. Por todo lo que me das, cuando me lo quitas.