miércoles, 24 de diciembre de 2014

Despidiéndome de ti, por fin

Querido tú, quizás suene clásico empezar a escribirte así. No sé si es el tiempo que va muy deprisa o yo muy despacio. No tengo prisa por llegar a ninguna parte pero nunca había deseado con tantas ganas ver terminar un año. Por una parte me da pena ver que termina aquello que en cierto modo comenzamos juntos, pero por otra parte necesito comenzar año nuevo con buen pie, dejar atrás todo, seguir sin ti. Debe de sonar absurdo que después de casi cinco meses que llevamos sin saber nada el uno del otro te diga esto. Pero no he dejado de pensar en ti en todo este tiempo. Puede que la razón sea que nos apegamos mucho a las personas, las echamos de menos frecuentemente si no encontramos antes sustitución y a veces dependamos mucho de ellas.  Hace más de diez meses me veía con fuerzas suficientes para recuperar lo que creía mío.  Ahora sin embargo solo me veo capaz de seguir escribiéndote. Nunca he pretendido entorpecer tu vida, meterme en medio de lo ahora es para ti más importante pero si hacerte desaparecer de mi vida, alejarte de ella. No más, lo único que he conseguido es verme fuera de la tuya, sentir que has olvidado todo lo que vivimos y es que, aún sin estar juntos seguimos compartiendo algo, que es la luna. A raíz de todo me he convertido es una persona bastante inestable, me ilusiono con la misma facilidad que me desilusiono, porque nada me llena, porque nada eres tú y no consigo demostrar quién soy o lo que llevo dentro. Lo más fácil para mí siempre que las cosas no salen como quiero es culparte a ti, sin tu tener culpa de nada. Yo solo me lleno de recuerdos y hablo de nuestra historia a todo el mundo que necesita un consejo, porque a pesar de todo, he experimentado todo tipo de sensaciones contigo. Dicen que es normal que piense en ti, aunque también que no debería hacerlo. Dicen, dicen, dicen y dicen tantas cosas que yo solo hago lo que quiero. Si esto está compuesto de fases, no sé en cual ando perdida, ha pasado mucho tiempo y el tiempo que me queda. Hay veces que me esfuerzo en acordarme de cómo era tu risa y pienso si habrás cambiado el color de los calcetines o si la pared de tu cuarto seguirá siendo azul. Otras veces me decido a hablarte, pero siempre que voy a hacerlo pienso en lo bien que te van las cosas, y me detengo antes de ponerte todo patas arriba. Tengo hipersensible el corazón y trato de convencerme de que cualquier persona puede darme lo que necesito, pero eso no es así. Supongo que antes de estar seguro de algo tienes que captar las señales que vas encontrándote, y claro que existen porque todo llega cuando menos te lo esperas y sabes cuál es el momento y porque está contigo. A veces me vuelvo y solo pienso en llamarte, verte y darte un abrazo. Por un momento recordar cómo eran las cosas contigo o simplemente encontrarnos y mirarnos, para ver como  yo misma me siento. Ya no lo recuerdo.  Pero se que estamos llegando al final y aun no he dejado que nadie me desnude con sus manos ni me bese si quiera más de diez minutos seguidos. He decidido ponerle fin a mi auto-crítica y comenzar a pensar lo próximo que me toca vivir con alguien distinto a ti. Te he echado mucho de menos, pero ya no lo hago. Al menos no frecuentemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario