miércoles, 11 de noviembre de 2015

A diario me pregunto

A veces pienso si hubiera sido mejor no haber dicho te quiero. Después sostengo que te quiero por tu forma de vida, tan indiferente. Yo andaba por las calles sin esperar nada nuevo, asumiendo una rutina cada vez más monótona. Ahora que has llegado tú, no me acostumbro a perder la estabilidad. Llevo varios días queriendo vivir desnuda, teniendo la sensación de que es tu cuerpo el único tacto que soporta mi piel. Eres la adicción más rápida que he conocido y me he colado, sin querer de ti. Me acongoja esta situación de no saber si es mejor que te quiera a ratos, queriéndote a diario. ¡Pero es que no hay colchón que me guste más que tu pecho! Es muy complicado ver a dos personas sentir lo mismo, lo peor es la costumbre de saber que siempre me toca a mí ser la misma persona que quiere, siente y vive más fuerte. Que he aprendido a querer, y nadie me ha enseñado a hacerlo. Es algo que todos los que se enamoran deberían tatuarse en algún rincón de su cuerpo. No existe vacuna que te libre de esto. Hay días para todo y es que, a la tristeza le gusta mucho el sabor amargo. También el llanto, y enfrentarnos cara a la pared con aquellas cosas que no queremos perder. Pero esto es solo una manera de ver las cosas, mientras yo me muero de ganas de darte un beso, de saber que todo está igual de bien que cuando despertamos en el mismo lugar y que sigues viéndome bonita. Por eso para huir de ti la única respuesta que tengo es volver a encontrarte de nuevo y cometer los mismos errores que algún día nos harán más viejos y aunque más sabios seguiremos sufriendo por los mismos dolores. Así he comprobado que hay placeres insanos y corpóreos que provocan las emociones, y después de un latido el corazón también puede romperse y después nosotros, tensando la cuerda floja no queremos soltar los hilos.

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