sábado, 7 de febrero de 2015

Desafiando al mundo desde el sofá

Ninguno de ellos te conoce, de modo que no  importa. Pero ahora eres tu quien anda distraída, tu mente alborotada y las medias rotas . Notas que te estas evadiendo mientras tus ojos casi cerrados piden a gritos un hogar donde quedarse a dormir. En ese momento alguien se ríe de la caducada hora que marca tu reloj y el desastre comienza a revelar tu estado de ánimo. Los tapujos que escondías empiezan a hacer pitar tus oídos en el más amplío silencio de la cama. Son dos pasos los que has dado a lo largo del cuarto de cuatro paredes color canela y el frío mantiene tu cuerpo irreversible. Las canciones no paran de repetir la falta que te hace el amor en los días aburridos y el desenfreno. Al final, borracha y segura de que no puedes esperar algo más de la noche, esperas tres minutos y decides marcharte. Rezas por no atentar de nuevo contra esa facilidad para llorar después de otro  inequívoco y hecho real. La realidad sobre la ansiedad es que nunca sabes del todo cuando necesitas respirar profundo, y corres. Cavas entre tus cosas ocupadas bajo la ropa del mes pasado y decides empezar de nuevo. Mientras te dejas llevar han pasado poco más de doce estúpidos y estupendos meses en los que cada noche prometiste lo que aún no has cumplido, te desarmas. El poder de la mente impulsa las ganas que tienes de sentirte de nuevo realmente valiosa y vives sin contar con los desafíos.

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