Te
mandé en las cartas todas mis ganas de verte. Me mantenías sin respuesta. Pensé
que sería mejor tomárselo todo con humor, si acabaría siendo mi mejor sentido. Terminé
por darte tregua, pensando que de alguna forma volveríamos a ser nosotros. Tuve
codicia de nuestro amor y aunque aprendí a sobrevivir sin ti se me olvidó como
decir adiós. Evito hablar de ti, evito que se den cuenta de lo que has dejado
en mí, también de lo que perdimos. Te
quise de principio a fin, como en los viejos tiempos querían. En cambio, no
pude enseñarte algo diferente de mí. Una vez más se oprime la respiración. Cada
vez me resulta más difícil no crear esta barrera atente a los sentimientos, he
dejado de decir la verdad. No sé si hay algo peor que no salir de esta rutina ahogada
en nostalgia. Vuelvo a desayunar sin lavarme la cara, no quiero levantarme,
añoro la dificultad de mantenernos estables. Pierdo estabilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario