Siempre pienso en imposibles, me aferro al deseo de luna llena. Después me eriza la piel el viento que apenas existe. Se parece a faltarme sin tenerlo, pero sentirlo. No supuso tanto esfuerzo arrancar las fotos, si algún día se cerró aquella puerta aún terminamos de ahogarnos a oscuras. Pero puede que no, que no se cumplan los deseos de estas noches. Fue mi compañero de viaje, mi autodestrucción. Fue también la estrella que miraba cada noche hasta convertirse un día en algo fugaz. Marchó, desapareció, y ahora solo tengo las cenizas que me encuentro. A veces, le espero. Mientras me río y bebo de un trago todos los besos que tengo guardados.
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