sábado, 29 de marzo de 2014

Sonrie, ya vendrán tiempos mejores

Está lloviendo y quien diría que son únicamente las siete de la tarde. El cielo está gris y cada minuto que tardas en no escribirme hace que el día oscurezca un poquito más. Pensé que el tiempo no influiría decisivamente en esta vida que hoy nos mata pero él vive sin prisas. Podría volar contigo a cualquier parte del fin del mundo pero ni siquiera eso lo tienes claro. Supongo que te dejas llevar por los momentos tristes y  cabizbajos pero ellos incluso tienen las cosas algo más claras que tu. Estas tan lejos como cerca pero aun así no sientes miedo. Yo si lo siento. Siento tener que olvidarte cada vez que no nos vemos o nos disponemos a ello con la finalidad de besarnos con fin. Aquel es el problema. El fin que evoca este desastre de nuevo. El desastre de no disfrutar de nosotros mismos. Mañana volverá a ser un domingo astromantico como una calcamonía de los ocho anteriores y acabará igual que empieza, con mis ganas infinitas y las manos vacías. Te quiero. Te quiero como una bala infiltrada en el corazón de una dama. Y quiero abrazarte con la seguridad de no perderte de nuevo. Pero ahora todo es diferente y siento la mirada disfrazada tras el baile de máscaras, en el que cualquiera es capaz de engañarte para sacarte a bailar.

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